martes, 27 de octubre de 2009

¿Qué pasaría?, de Mario Benedetti

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¿QUE PASARIA?
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¿Qué pasaría si un día despertamos
dándonos cuenta de que somos mayoría?
¿Qué pasaría si de pronto una injusticia,
sólo una, es repudiada por todos,
todos que somos todos, no unos,
no algunos, sino todos?
¿Quépasaría si en vez de seguir divididos
nos multiplicamos, nos sumamos
restamos al enemigo que interrumpe nuestro paso,
Qué pasaría si nos organizáramos
y al mismo tiempo enfrentáramos sin armas,
en silencio, en multitudes,
en millones de miradas la cara de los opresores,
sin vivas, sin aplausos,
sin sonrisas, sin palmadas en los hombros,
sin cánticos partidistas,
sin cánticos?
¿Qué pasaría si yo pidiese por vos que estás tan lejos
y vos por mí que estoy tan lejos,
y ambos por los otros que están muy lejos,
y los otros por nosotros aunque estemos lejos?
¿Qué pasaría si el grito de un continente
fuese el grito de todos los continentes?
¿Qué pasaría si pusiésemos el cuerpo en vez
de lamentarnos?
¿Qué pasaría si rompemos las fronteras
y avanzamos, y avanzamos,
y avanzamos, y avanzamos?
¿Qué pasaría si quemamos todas las banderas
para tener sólo una, la nuestra,
la de todos, o mejor ninguna
porque no la necesitamos.
¿Qué pasaría si de pronto dejamos de ser patriotas
para ser humanos?
No sé. Me pregunto yo,
¿qué pasaría?
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Mario Benedetti

viernes, 23 de octubre de 2009

Saramago, la Biblia y la iglesia católica

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Arremete Saramago contra Iglesia católica
"El Dios de la Biblia es vengativo, rencoroso; no es de fiar...en la Biblia hay crueldad, incestos, violencia de todo tipo, carnicerías. Esto no se puede desmentir", persistió el escritor portugués de 86 años.
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AFP
Publicado: 21/10/2009 13:06
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Lisboa. El escritor portugués José Saramago, premio Nobel de Literatura 1998, arremetió de nuevo este miércoles contra la Biblia por su "violencia" y contra su Dios "que es mala persona", avivando la polémica levantada por sus comentarios con motivo de la publicación de su libro Caín.
El escritor portugués, conocido por sus posiciones izquierdistas y su gusto por la provocación, calificó el domingo a la Biblia de "manual de malas costumbres" con motivo de la presentación de su último libro que cuenta, no sin ironía, la historia de Caín, el hijo de Adán y Eva que mató a su hermano Abel.
Estas declaraciones sentaron muy mal al episcopado, que lo acusó de haber ofendido a los católicos y de llevar a cabo una "operación publicitaria".
El Premio Nobel metió de nuevo el dedo en la llaga este miércoles.
"El Dios de la Biblia es vengativo, rencoroso, mala persona y no es de fiar", persistió el escritor de 86 años.
"En la Biblia hay crueldad, incestos, violencia de todo tipo, carnicerías. Esto no se puede desmentir; pero bastó con que yo lo dijera para suscitar esta polémica", aseguró.
"Hay incomprensiones, ya sabemos que sí, resistencias, también sabemos que sí, odios viejos", declaró Saramago durante una conferencia de prensa a las afueras de Lisboa.
"Soy una persona que genera anticuerpos en mucha gente, pero me da igual. Sigo haciendo mi trabajo".
Y volvió a la carga contra la Iglesia.
"Lo que ellos quieren y no consiguen es poner al lado de cada lector de la Biblia un teólogo que dijese a la persona que aquello no es así, que hay que hacer una interpretación simbólica, a esto lo llaman exégesis", estimó.
Pero "el derecho de reflexionar sobre eso es de todos nosotros", insistió, denunciando "la intolerancia de las religiones organizadas".
En 1992 Saramago ya había levantado ampollas en Portugal con su Evangelio según Jesucristo, en el cual mostraba a un Jesús que perdió su virginidad con María Magdalena. El escritor se marchó luego de su país y se instaló en Lanzarote, en el archipiélago español de las Canarias.
"A veces dicen que soy valiente. Tal vez sea valiente porque hoy no hay inquisición. Si la hubiese, tal vez no habría escrito este libro. Me apoyo en la libertad de expresión para poder escribir", confesó el escritor que dice estar preparando un nuevo libro para el año que viene sobre un tema completamente distinto.
"Espero que no sea tan polémico. No ando detrás de las polémicas. Tengo convicciones y las expreso", soltó el autor de Ensayo sobre la ceguera.

lunes, 19 de octubre de 2009

Sobre la visión de Elinor Ostrom

La Jornada – 17 de octubre de 2009
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Ostrom y la tragedia de los comunes
Gustavo Gordillo
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Elinor Ostrom obtiene este año el premio Nobel de Economía rompiendo varias tradiciones. Es la primera mujer que obtiene este premio en economía. Es una cientista política y no una economista. Y, junto con Oliver Williamson, con quien comparte el premio, dudan que el mercado sea la solución a todos los problemas. Más aún encuentran otros mecanismos de asignación eficiente de los recursos.
Ostrom ha sido pionera en el estudio de instituciones informales que la gente crea para racionalizar el uso de bienes de uso común, es decir, aquellos bienes compartidos entre muchos que pueden ser objeto de desgaste en ausencia de mecanismos de regulación. Garret Hardin en los 60 lo ejemplificó con una pradera donde los campesinos llevan su ganado a pastar y vaticinó que dejados a su propia inercia terminarían por deteriorar el pastizal. Para evitarlo, consideró dos posibilidades: que esos terrenos entraran al mercado y se privatizaran; o que el Estado interviniera regulando su uso. Ostrom, a partir de un enorme trabajo de campo revisando experiencias en muchas partes del mundo en el manejo de zonas pesqueras, de áreas forestales y sobre todo de sistemas de riego, encontró que había otra vía: que las propias comunidades creen instituciones; es decir, reglas escritas e informales para manejar sus propios recursos.
Empero nadie más alejada de cualquier tipo de fundamentalismo como Lin Ostrom, quien ha sido particularmente insistente en subrayar que no se trata de considerar que por sí mismo el mercado, o las intervenciones estatales, o la autogestión de las comunidades sean superiores. Pero lo que sí ha hecho es analizar con rigor en qué circunstancias la gestión de las comunidades es superior a la gestión estatal o a la dinámica de los mercados. En su libro, el gobierno de los bienes comunes, traducido al español por el FCE, formaliza lo anterior através de lo que denomina principios de diseño. En su libro publicado en 2005 (Understanding Institutional diversity, Princeton University Press) Ostrom propone un marco conceptual que denomina Análisis Institucional y Desarrollo (IAD, por sus siglas en inglés) que ha sido usado en una enorme variedad de estudios relacionados con el manejo de recursos naturales, con temas de política y política pública e incluso de la Internet como bien compartido de uso común.
Conozco a Lin Ostrom desde mediados de los 90 cuando coincidimos en una reunión en la FAO en Roma. Los últimos tres años trabajé con ella y su marido Vincent Ostrom, en su Taller de Teoria Política y Análisis de Políticas Públicas en la Universidad de Indiana en Bloomington. Bajo su influencia y su generosa amistad, avancé en los trabajos que vengo realizando sobre la naturaleza del ejido mexicano y sobre las transiciones democráticas en América Latina. Desde mediados de los 90 la discusión con Lin había derivado en la discusión de qué hace que la acción colectiva sea posible y luego eficaz. Ella subraya particularmente la interacción entre confianza, reciprocidad y reputación.
Ostrom y Russell Hardin me inspiraron en la idea de que las movilizaciones sociales en determinadas condiciones son medios de producción de instituciones; es decir, de nuevas reglas. Para esto se requiere iteración, es decir repetición de acciones en común, conocimiento de tus rivales y una combinación entre movilizaciones y negociación. La transparencia de las acciones de las dirigencias es clave porque eso es lo que construye confianza de las bases y reputación del liderazgo.
Estas reflexiones son relevantes a raíz del artero ataque contra el SME. Es increíble que se quiera restablecer la autoridad presidencial o la legitimidad perdida por medio de un acto de fuerza. Por el contrario, como nunca, es momento del diálogo, la negociación y la renovación institucional. Hay que evitar la tragedia de los comunes en la política mexicana. Mi solidaridad con el SME y sus trabajadores.
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La Jornada – 17 de octubre de 2009

Sobre la "excelencia"

Eduardo Ibarra envía por correo electrónico la siguiente nota, que nosotros presentamos a nuestros visitantes:
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Xavier Besalú: Poderosa «excelencia»
Xavier Besalú, profesor de Pedagogía de la UDG
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Lo leía en el suplemento de libros: hay que tener cuidado con las palabras porque, al fin y al cabo, son ellas las que acaban inventando las realidades. Son poderosas y taumatúrgicas: capaces de revestir las mentiras con piel de verdad, de adornar de amabilidad las píldoras más amargas. Una de estas palabras peligrosas es excelencia.
Lo hemos oído a diestro y siniestro en boca de consejeros y ministros, de directores y gerentes. Suenala mar de bien (todos hemos introyectado que «excelente» es la mejor nota), sinónimo como es de superioridad, de perfección, de magnificencia.
Por encima de todo, la excelencia evoca la distinción, la diferenciación, la selección, porque justamente el valor de la excelencia es que no está al alcance de todos, es sólo para unos pocos, privilegiados y excelsos, que sobresalen de la mayoría, que destacan de la medianía general, que se alejan de la insignificancia.
En la práctica, el norte de la excelencia se traduce en prácticas de exclusión: de eliminación de aquellos elementos que nos pueden hacer perder puntos, de supresión de los ámbitos más complejos y expresivos, de centrarse en lo que los auditores externos pueden comprobar (que, como se ha demostrado en el caso Palau de la Música y en tantos otros casos, poco tiene que ver con la realidad), de focalización en aquellos aspectos que ofrecen más brillo y que más puntúan en el ranking de los valores en alza y los futuros consumidores o clientes.
El problema es que la exclusión es exactamente lo contrario de la inclusión, de la integración, de la escuela para todos, de un servicio universal, de un derecho humano reconocido, que no sólo no pone ninguna condición de entrada, sino que afirma con convencimiento que el sistema educativo es un dispositivo capaz de garantizar que todos los niños y jóvenes adquirirán las competencias imprescindibles para ir por el mundo con libertad y autonomía (y por eso dedicará más tiempo, recursos y esfuerzos a aquellos que más lo necesiten, sean discapacitados, vecinos de un lugar remoto o extranjeros recién llegados), y de estimular al máximo las capacidades, las habilidadesy los intereses de cada uno.
Si el cebo de la excelencia debe servir para aplastar a los que tienen más dificultades, para eliminar a los que necesitan más tiempo, conviene que se sepa, más allá de la bondad aparente de las palabras.
Y es que la distinción que ofrece la excelencia ha caído en campo abonado: en tiempos de incertidumbres, de inseguridades, de inercias centenarias y de complejidades crecientes, ofrece un camino claro y atractivo, muestra una simplicidad limpia y comprensible y nos dice que todo depende de nosotros mismos, independientemente de nuestras adscripciones de clase, de género, de origen ..., que no serían sino un lastre anacrónico yligero.
¿En qué se traducen las políticas de excelencia en el campo educativo? En una cooptación desinhibida de conceptos y emblemas provenientes del mundo progresista para llenarlos de contenidos que no tienen nada que ver con el original. Una intensificación de las metodologías y técnicas más tradicionales (eso sí, revestidas de ordenadores y pizarras digitales) una vez tergiversadas y ridiculizadas sin reparos las pedagogías progresistas.
Una inclinación hacia las materias consideradas sólidas e instrumentales, y una reducción drástica de las materias más expresivas, más humanizadoras, aparentemente menos utilitarias: las nuevas y viejas marías. Un énfasis en las evaluaciones internas y externas, de manera que todo el tiempo escolarse vaya convirtiendo en un periodo de entrenamiento para superar estas pruebas, que son las que terminan por marcar el currículum y para determinar qué es lo que interesa y qué no , presentadas como la solución de todos los males. Una mercantilización de los centros educativos, presentados como establecimientos (tipo supermercado) que compiten entre ellos para atraer a los mejores consumidores (aquí no serían, en principio, los que tienen más poder de consumo, sino las familias con los "mejores alumnos") y por eso deben hacer ofertas diferenciadas (en forma de inglés desde parvulario; de piscina dentro del mismo recinto), se ven obligados a hacer publicidad explícita y subliminal (aquí no escolarizamos extranjeros, o el 100% del alumnado aprueba la selectividad).
Una descentralización presentada como autonomía que no es tal (¿qué autonomía pueden tener los centros cuando su profesorado no se constituye en función de un proyecto?). Ni otorga más competencias a los ayuntamientos y más bien parece una medida encaminada a quitarse responsabilidades de encima por parte del gobierno, responsable último del servicio educativo, y culpabilizar a los centros de todos los males que les aquejan.
El drama es que de palabras poderosas y que necesitarían un esfuerzo mayor de interpretación hay cada vez más en el mundo educativo: ¿quién podría estar en contra de las políticas de calidad? Pero si nos detenemos aanalizar en qué se traducen en la práctica, serían muchas las cosas que decir ...
¿Quién abominaría de la eficacia, si quisiera decir simplemente cumplir lo que se predica? Pero no: sabemos muy bien que en nombre de la eficacia se sacrifican un montón de cosas importantes ...
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El Punt, 19/10/09

miércoles, 24 de junio de 2009

Sobre la teoría de las ventanas rotas

TEORIA DE LAS VENTANAS ROTAS
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En 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof. Phillip Zimbardo realizó un experimento de psicología social. Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California. Dos autos idénticos abandonados, dos barrios con poblaciones muy diferentes y un equipo de especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente en cada sitio.
Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser vandalizado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, el radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no lo destruyeron. En cambio el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto.
Es común atribuir a la pobreza las causas del delito.. Atribución en la que coinciden las posiciones ideológicas más conservadoras, (de derecha y de izquierda). Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí, cuando el auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, los investigadores rompieron un vidrio del automóvil de Palo Alto.
El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx, y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre.
¿Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?
No se trata de pobreza. Evidentemente es algo que tiene que ver con la psicología humana y con las relaciones sociales. Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que vale todo. Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos cada vez peores se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.
En experimentos posteriores (James Q. Wilson y George Kelling) desarrollaron la 'teoría de las ventanas rotas', misma que desde un punto de vista criminológico concluye que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores.
Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito. Si se cometen 'pequeñas faltas' (estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja) y las mismas no son sancionadas, entonces comenzarán faltas mayores y luego delitos cada vez más graves.
Si los parques y otros espacios públicos deteriorados son progresivamente abandonados por la mayoría de la gente (que deja de salir de sus casas por temor a las pandillas), esos mismos espacios abandonados por la gente son progresivamente ocupados por los delincuentes.
La teoría de las ventanas rotas fue aplicada por primera vez a mediados de la década de los 80 en el metro de Nueva York, el cual se había convertido en el punto más peligroso de la ciudad. Se comenzó por combatir las pequeñas transgresiones: graffitis deteriorando el lugar, suciedad de las estaciones, ebriedad entre el público, evasiones del pago del pasaje, pequeños robos y desórdenes. Los resultados fueron evidentes.. Comenzando por lo pequeño se logró hacer del metro un lugar seguro.
Posteriormente, en 1994, Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York, basado en la teoría de las ventanas rotas y en la experiencia del metro, impulsó una política de 'tolerancia cero'. La estrategia consistía en crear comunidades limpias y ordenadas, no permitiendo transgresiones a la ley y a las normas de convivencia urbana.
El resultado práctico fue un enorme abatimiento de todos los índices criminales de la ciudad de Nueva York.
La expresión 'tolerancia cero' suena a una especie de solución autoritaria y represiva, pero su concepto principal es más bien la prevención y promoción de condiciones sociales de seguridad.
No se trata de linchar al delincuente, ni de la prepotencia de la policía, de hecho, respecto de los abusos de autoridad debe también aplicarse la tolerancia cero.
No es tolerancia cero frente a la persona que comete el delito, sino tolerancia cero frente al delito mismo.
Se trata de crear comunidades limpias, ordenadas, respetuosas de la ley y de los códigos básicos de la convivencia social humana.

lunes, 22 de junio de 2009

Carta de un padre a un hijo


CARTA DE UN PADRE PARA SU HIJO...
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Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor. Te regañé porque te estabas tardando demasiado en desayunar, grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta. Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso te levanté por los cabellos y te empuje violentamente para que fueras a cambiarte de inmediato.
Camino a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del auto llevabas la mirada perdida. Te despediste de mi tímidamente y yo solo te advertí que no te portaras mal.
Por la tarde, cuando regrese a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puestos unos pantalones nuevos y estabas sucio y mojado. Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos, que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte. Te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mi te indiqué que caminaras erguido.
Más tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa.
A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa grité que no soportaba más ese escándalo y subí a mi cuarto.
Al poco rato mi ira comenzó a apagarse. Me di cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude. ¿Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido?.
Luego escuché unos golpecitos en la puerta. "Adelante" dije, adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación. Te miré con seriedad y pregunté: ¿Te vas a dormir?, ¿vienes a despedirte? No contestaste. caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente. Te abracé y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suavemente en la mejilla. Sentí que mi alma se quebrantaba. "Hasta mañana, papito" me dijiste.
¿Qué es lo que estaba haciendo?, ¿por qué me desesperaba tan fácilmente? Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mi y ciertamente no eras igual. Tú tenias unas cualidades de las que yo carecía: eras legítimo, puro, bueno y sobre todo, sabias demostrar amor. ¿Por qué me costaba tanto trabajo?, ¿por qué tenia el hábito de estar siempre enojado? ¿Qué es lo que me estaba aburriendo? Yo también fui niño. Cuándo fue que comencé a contaminarme? Después de un rato entre a tu habitación y encendí una lámpara con cuidado. Dormías profundamente. Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé. Me incliné para rozar con mis labios tu mejilla, respiré tu aroma limpio y dulce. No pude contener el sollozo y cerré los ojos. Una de mis lágrimas cayó en tu piel. No te inmutaste. Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio. Te cubrí cuidadosamente con las cobijas y salí de la habitación.
Si Dios me escucha y te permite vivir muchos años, algún día sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo, ojala te des cuenta de que, pese a todos mis errores, te amo más que a mi vida.

lunes, 8 de junio de 2009

Sobre la prostitución política

El oficio más antiguo
Ricardo Rocha. Detrás de la Noticia
21 de mayo de 2009
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No, no es el que usted está pensando. Que, por lo demás, puede ser ejercido con una gran dignidad y gracia. Así que, por favor, seamos más respetuosos con las meretrices.
La ocupación a que me refiero es la que tiene que ver con la mayoría de los que trabajan en el ámbito de la política. Cuyo sentido de la dignidad se desgasta día a día por la realmente más vieja de las profesiones: la prostitución política.
Así que ya va siendo hora de mandar al diablo la vieja tesis de que tuvo que ser una mujer —seguramente primitiva— la que se convirtió en la primera hetaira, al ofrecer sus favores a algún hombre de Neanderthal a cambio de un fruto o trozo de caza. Y qué tal si el primer acto de deshonra no fue por mera supervivencia. Qué tal si se trató de un acto de poder atendiendo a esa otra acepción que, sobre la prostitución, tiene el diccionario: “Buscar o vender uno su empleo, autoridad, etcétera, abusando bajamente de ello por interés o por adulación”.
Así que ya podemos desatar nuestra imaginación y suponer a una cavernícola pero también a un cavernícola ofreciendo sus servicios al jefe o jefa del clan por un mejor posicionamiento en la cueva o por alguna otra suerte de privilegio en la tribu. En pocas palabras: prostitución política.
Una socorrida vocación de la que hombres y mujeres dan cuenta por igual a lo largo de la historia. Como por ejemplo en aquellos días del loquísimo Nerón, cuyo arrepentido maestro Séneca sucumbió finalmente a las conjuras e intrigas de la corte a pesar de ser un dramaturgo genial y el filósofo que alumbraría el humanismo europeo.
Díganme si no en la mexicana realidad de nuestro tiempo tenemos innumerables ejemplos de un quehacer público absolutamente prostituido: por quienes han hecho de la mentira una forma de vida; por aquellos que venden sus ideales a cambio de privilegios temporales; por los que se corrompen a cambio de platos de lentejas; los que roban el patrimonio que es de todos; los que llegaron limpios y ahora se refocilan en el miasma compartido; los que, antes hermanos, ahora se arrojan las excrecencias unos a otros —y unas a otras y otras a unos— en una patética y cotidiana batalla campal sin escrúpulos y sin pudor alguno.
Ya no se trata de ver quién es inocente. Sino de quién es más culpable que el otro. Quién ha sido el más cobarde. Quién el más soberbio. Quién el más abyecto. Quién el más sucio. Quién el más frío. Quién el más oportunista. Quién el más inescrupuloso. Quién el del estómago más duro.
Hoy, los que nos gobiernan se cruzan tan tranquilamente acusaciones de narcotraficantes y asesinos. De rateros o abusivos en el mejor de los casos. Como si nadie pudiera reconocer mérito alguno en el otro. Como si ni el uno ni el otro tuvieran mérito alguno. Salvo los que ahora nos quieren vender en campañas que suponen que todos somos idiotas.
De la vergüenza pasamos a la indignación en un momento. Y un día después a la náusea. Y más tarde al hartazgo. Y luego, quién sabe, en una de esas al “¡que se vayan todos!”. ¿O no?
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Texto tomado de la columna de Ricardo Rocha en EL UNIVERSAL:
Consulta del 05 de junio de 2009